El coste invisible: el agua como recurso clave en la lucha contra los incendios forestales
El verano en España ha dejado una huella devastadora. Las altas temperaturas, la ola de calor prolongada y la sequedad extrema de los suelos han creado el escenario perfecto para los incendios forestales. Según los datos más recientes del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), en lo que va de verano se han calcinado más de 400.000 hectáreas en nuestro país. Es la cifra más alta de los últimos treinta años y refleja la magnitud del desafío climático y ambiental que afrontamos.
Aunque las pérdidas más visibles se traducen en montes arrasados, fauna desplazada y comunidades afectadas, existe un impacto menos evidente, pero crucial: el enorme gasto de agua necesario para combatir las llamas. Un recurso cada vez más escaso que, tras la durísima sequía vivida en nuestro territorio, se destina masivamente a la extinción de incendios.
Litros de agua por hectárea: un coste colosal
Extinguir un incendio no sólo moviliza a miles de profesionales y medios aéreos y terrestres: también implica un consumo ingente de agua. De acuerdo con varias estimaciones, se necesitan varios millones de litros de agua para controlar y extinguir incendios de esta magnitud, ya que es difícil calcular exactamente la cantidad de agua necesaria, que depende de varios factores como la densidad del fuego, el tipo de combustible, la humedad del ambiente y la topografía.
Los aviones anfibios Canadair descargan hasta 6.000 litros por pasada, y un helicóptero mediano entre 1.000 y 4.000 litros. En grandes incendios, con cientos de vuelos diarios, los consumos alcanzan millones de litros en cuestión de horas. A ello se suma el agua empleada en tierra con autobombas y mangueras, reforzando la magnitud del esfuerzo hídrico en cada operativo.
El dilema del recurso: necesario, pero limitado
El agua utilizada procede de embalses, lagos, ríos y, en ocasiones, del mar. Sin embargo, la sequía y los altos niveles de recursos hídricos utilizado, hacen aún más compleja la paradoja: para proteger el territorio del fuego, se consume intensivamente un recurso cada vez más escaso.
En regiones como Castilla y León, Galicia o Asturias, donde se han registrado los fuegos más graves, la tensión entre la necesidad inmediata de agua para apagar el fuego y su importancia para el abastecimiento humano y agrícola ha sido especialmente evidente.
Cada gota cuenta, también contra el fuego
El balance de este verano deja dos lecciones claras. La primera: los incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos, y el cambio climático no hace sino multiplicar su riesgo. La segunda: el agua, recurso imprescindible para apagarlos, es también uno de los bienes más amenazados por el mismo clima extremo.
Hemos destinado miles de millones de litros de agua a combatir las llamas. Pero la verdadera tarea pendiente es reforzar la prevención, para que cada litro pueda dedicarse a garantizar la vida, la agricultura y el bienestar de la población.
Porque frente al fuego, cada gota cuenta. Y porque cuidar del agua es también la mejor forma de evitar que el fuego vuelva a consumir nuestro futuro.
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